La luz del sol,
solitaria y pausada,
marca la senda del día
hasta el crepúsculo.
La luz de la luna,
solitaria y pausada,
marca la senda de la noche
hasta el amanecer.
¿Qué hacer con los días nublados?
¿Qué hacer con las noches oscuras?
¿Qué hacer cuando estoy a tu lado,
rozando tu piel, tocando tu pelo?
¿Dónde nos llevan los días?
¿Dónde nos escondemos de noche?
¿Dónde te encuentras mi vida
cuando te busco en mi mente?
Algún día estaremos juntos en nuestro paraiso.
martes, 30 de octubre de 2007
sábado, 6 de octubre de 2007
¡Cuántas horas!
Esto lo escribí una noche, en el trabajo, en un trozo de una hoja de un "Parte de hechos - Modelo I" (curioso soporte), y su título se debe, símplemente, a dos palabras que alguien había escrito en la esquina superior derecha del trozo de papel. Dos palabras que me inspiraron esto:
Cuántas horas esperando
la retirada del mar a su inexistente morada,
en los fríos días de verano que,
sin quererlo yo, paso alejado de tí;
deseo inalcanzable de acaparar
las facetas más recónditas de tu cuerpo,
de tu pensamiento, de tu alma.
Cuántas horas esperando,
entre recuerdos y anhelos que
tu llegada sea temprana,
cuando se retiren las saladas aguas
que nos separan físicamente,
cuando se retire la materia etérea
que separa nuestros pensamientos,
¡Cuántas horas!.
Ceuta, 4 de julio de 1995
.
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